Aprendiendo de los errores

En toda la historia de la humanidad, el desarrollo del conocimiento estuvo siempre basado en el aprendizaje de los errores pasados y en el valor de la experiencia.  En cualquier cultura que se precie, la gente con más experiencia siempre ocupó un lugar destacado donde se los escucha a través del relato de sus propias vivencias.  Sería ilógico para el ser humano desechar a aquellos que vivieron y tropezaron antes que nosotros con nuestros mismos problemas.

En Japón, el término Sensei 先生 refiere justamente a esta cualidad. El primer kanji podría traducirse como “antes” mientras que el segundo se refiere al acto de nacer o vivir. No habla de edad, no habla de jerarquías.  Deberíamos interpretar este último concepto desde su concepción oriental como el momento en el que nacemos a esa práctica o arte.  El significado conjunto de ambos kanji y de la palabra completa podría referirse  a “el que nació antes a la práctica” o más simplemente “el que estuvo antes”.  Este significado no debe tomarse a la ligera, ya que como todo concepto japonés el honor está tácitamente implícito.  Será nuestro propio Sensei quien evalúe el camino que hemos recorrido, no solo por el tiempo sino por el esfuerzo, el respeto, la perseverancia y la dedicación y alma que hayamos puesto en él.  Sólo cuando vea nuestro sendero encaminado y nuestra mente calma en la comprensión e íntima aceptación de las enseñanzas de los principios básicos, podrá evaluar si somos dignos de transmitir su legado.

De esta forma, y totalmente en sintonía con la forma de enseñanza oriental, quien practica con seriedad, perseverancia un arte oriental, y es capaz de analizar sus actos desde la humildad, se vuelve una persona valiosa de la que es posible aprender muchas cosas, ya que es muy probable que haya tropezado antes que nosotros con los errores y problemas más comunes.

Es parte de nuestra propia naturaleza humana el sentir que no hay mejor lección que la propia experiencia de cometer un error. Esto es cierto solo en parte. Es perfectamente verdadero que el experimentar los errores hará que nos cuestionemos qué es lo que estamos haciendo mal (eso en el hipotético caso que seamos lo suficientemente perspicaces como para percatarnos de que algo no está bien sin la ayuda de alguien más).  Pero también es cierto que ese camino de aprendizaje es muchísimo más incierto, largo y tedioso y podría llevarnos años encontrar las soluciones que quienes aprenden de la mano de un Sensei tienen mucho más a la vista.

En el caso del shibari, el camino del aprendizaje a través del error suma la complicada variable de que nuestras fallas podrían eventualmente afectar la salud y el bienestar de la persona que se nos preste a hacer de modelo de cuerdas. Es fundamental en esos casos que modelos y atadores tengamos en cuenta que la aventurada práctica a través del acierto y error puede tener un costo más alto para quien se somete a las cuerdas que para quien ata.  Se vuelve fundamentalmente sensato entonces que alguien con un cierto criterio y experiencia vele por la seguridad y la salud de las prácticas.

Del mismo modo que nadie puede volverse de un día para el otro un profesor, tampoco es posible que alguien pueda transformarse en maestro de este arte sin esfuerzo, dedicación, horas de práctica y mucha atención a quien guie sus pasos.  En el camino de las cuerdas todos estamos en un constante viaje de aprendizaje.  Quienes recién comienzan probablemente tengan mucho para aprender y sus conocimientos avancen de forma veloz.  Por otro lado, quienes ya llevan recorrido un camino en este arte continúan aprendiendo, quizás en forma más pausada, más lenta… pero siempre hay algo más por aprender.

En nuestras clases de KinbakuMania Shibari Dojo estamos constantemente aprendiendo. Tanto aprenden los alumnos como aprende Sensei en nuevas y más efectivas formas de transmitir la esencia del shibari.  Buscamos que la enseñanza del shibari no pase por un alocado frenesí de aprender ataduras y estructuras nuevas, o por estar suspendiendo al modelo de cuerdas a los dos días de tocar nuestra primera cuerda.  Nos interesa el verdadero aprendizaje de la esencia de este arte desde la comprensión y asimilación de los conceptos básicos.  La misma atadura puede lograrse yendo por diferentes caminos, muchos de ellos pueden llegar a ser correctos, pero es la comprensión de esos principios básicos lo que hace al shibari el arte de atar y no el arte de colocar cuerda de jute en forma bonita sobre el cuerpo de otra persona.

Uno de los últimos métodos que hemos estado utilizando para la enseñanza está basado en ejercitar en los alumnos el análisis y comprensión de errores y aciertos en las propuestas de ataduras propias y ajenas.  Se trata de un momento de reflexión por parte de los alumnos sobre imágenes y videos propios recolectados de clases anteriores, o en algunos casos sobre trabajos ajenos provenientes de la enorme cantidad de material que se hace público en Internet y que es seleccionado por sensei para el análisis en clase.  Cabe aclarar que este ejercicio sólo puede ser posible cuando al alumno se le ha explicado y ha comprendido la lógica y los fundamentos que hacen a una propuesta de shibari razonable.

El permitir el error controlado en las prácticas del dojo busca que la experiencia quede marcada de la forma más indeleble posible (siempre cuidando muy de cerca la salud de quienes son atados), y de esa forma apuntar al crecimiento continuo de su experiencia personal como atadores.  Esta práctica es fundamentalmente acompañada por quienes se someten a las cuerdas y se permiten expresar con total sinceridad, sin censuras y sin interpretaciones extrañas lo que sintieron en la atadura.  Los modelos de cuerdas más experimentados son quienes más enriquecen estas charlas al poder comparar sensaciones de diferentes sesiones de kinbaku y convertir estas devoluciones en consejos a través de la interpretación de Sensei desde su experiencia. Este es un invaluable feedback que el atador siempre agradece sobre los puntos flojos a mejorar.

En una de las últimas clases también recibimos feedback de Osada Steve Sensei. Dedicamos una clase entera a este material que fue minuciosamente analizado. El agudo ojo del maestro, aún a la distancia,  a veces puede llegar a detectar y mejorar cuestiones imperceptibles para los demás, pero que hacen a la mejora continua y conforman la diferencia de lo que es una escuela con linaje y trayectoria de quienes transmiten sólamente formas y nudos simplemente copiados.

Me siento muy orgullosa del avance de muchos de mis alumnos. Agradezco a ellos su paciencia y perseverancia, su práctica y dedicación, sin la cual mis esfuerzos por enseñarles serían en vano. Ellos ya van sintiendo que el camino del verdadero aprendizaje del shibari kinbaku es trabajoso, largo y hasta a frustrante algunas veces. Pero cuando miramos hacia atrás y vemos lo que han avanzado, sus conocimientos y experiencia sobre bases sólidas y se comparan con ellos mismos hace un tiempo, o con otros atadores, el esfuerzo cobra sentido y se siente genial.

 

Haru TsubakiHaruTsubaki