Maestros de las Cuerdas de Japón

Esta es la primera parte de un artículo llamado “SM japonés“, publicado en octubre de 1998 en el Tokyo Journal (diario de Tokio que todavía se publica). Esta segunda parte fue publicada en noviembre del mismo año.

 

Tatamis y el fetiche por la tecnología. Kimonos y juguetes sexuales rosados y cursis. El SM japonés tiene un estilo distintivo que combina las imágenes tradicionales con el filoso acero del “playground” cibernético de Tokio. Lo que logra unificar todos estos aspectos son las ataduras de estilo japonés. Las cuerdas japonesas han hecho historia y creado camino al haber sido utilizadas milenariamente para torturar y castigar hasta llegar a su utilización moderna en el actual mundo sexual “underground” japonés, en el cual el Sensei (Maestro) de las cuerdas aplica su arte de la misma forma tradicional.

Actualmente existen de 20 a 30 Sensei de las cuerdas en Japón, de los cuales sólo 6 son considerados Maestros. Para lograr convertirse en un Sensei de las cuerdas, se requieren años de experiencia, un alto nivel de destreza y habilidad con las ataduras, un estatus visiblemente alto en la escena SM japonesa y también, pareciera ser que es necesario ser de género masculino. Los atadores modernos se inspiran en las imágenes antiguas de tortura y las fusionan con conceptos sexuales modernos para crear una nueva forma de erotismo psicológica y emocionalmente cargada. Hoy en día sus exponentes lo llaman “nawakesho” que significa literalmente “maquillaje de cuerdas” o “cosmética de cuerdas”, hacer que las cuerdas luzcan bien.

Chiba Sensei (uno de los más prominentes Sensei de Japón) dice: “La cuerda hace que la mujer luzca hermosa. Su cuerpo es el lienzo y la cuerda es mi pincel.”  Las ataduras profesionales son, para la mirada sensible, una implícita metáfora de poder y sumisión enmarcada en una preciosa y delicada estética,  intensa e intrincada a la vez. El cuidado japonés por el detalle y la belleza estética ha hecho que su trabajo con las cuerdas sea el más apreciado a nivel mundial. La cruenta historia de su utilización para torturar y castigar contrasta con su moderna aplicación que provoca un placer muy particular. Sin embargo, su antiguo rol social como prominente método de castigo y control sigue inspirando a los atadores modernos cientos de años más tarde.

Las torturas con ataduras japonesas tradicionales eran altamente ritualizadas y codificadas. Comenzaban con una lazada confinando una muñeca y continuaban restringiendo el cuerpo entero con una sola cuerda. Con estas premisas fueron creadas una amplia variedad de posiciones y diseños. El tipo de restricción empleado era extremadamente doloroso y generalmente causaba daños permanentes en el sistema circulatorio y nervioso, e incluso la muerte. El castigo aplicado también abarcaba un importante aspecto psicológico que se reflejaba en las humillantes posturas propuestas. Si la persona se resistía, la atadura involucraba su cuello y también se suspendía a los prisioneros exponiéndolos en posturas de total indefensión. Tradicionalmente se utilizaba cuerdas de paja muy ásperas y abrasivas.

También reflejaba y reforzaba, de manera estricta, los roles sociales de aquella época. Existían diferentes diseños de ataduras para ser utilizados en hombres, mujeres, niños, personas de diferentes castas sociales e integrantes del clero. Se determinaba, de acuerdo al crimen cometido, el castigo a través de la atadura. Las personas eran exhibidas en lugares públicos y los transeúntes podían identificar la edad, profesión, casta social y el crimen, con sólo echar un vistazo a las ataduras a las que estaban siendo sometidos. Los maestros de las cuerdas de aquellas épocas eran muy idóneos en la aplicación de aquellas técnicas severas y crueles. Se trataba de practicantes de un arte marcial llamado Hobaku-jutsu. Esta disciplina altamente especializada en la captura y reducción de criminales, era celosamente enseñada por los Sensei a sus alumnos. La aplicación de sus técnicas era estudiada para ser detalladamente precisa. Fueron estos conocimientos los que fundaron las bases en las que se desarrollaron las ataduras japonesas modernas que se pueden apreciar en la actualidad.

Cuando el prolongado y sangriento período Shinkoku terminó, comenzaron los tiempos pacíficos del período Edo. Los líderes de entonces deseaban terminar con la violencia vivida durante los últimos años de guerra. Como resultado, ya no se practicaban ataduras con fines de tortura. La tradición de transmitir estos expertos conocimientos de maestros a alumnos se detuvo y las imágenes en las que se mostraba fueron destruidas. El Hobaku-jutsu lentamente se extinguió. Todos se olvidaron de aquellos años de métodos violentos y bárbaros… o casi todos.

Pasaron los años y la sociedad sintió una distancia histórica de toda aquella violencia vivida durante la guerra. Algunos artistas comenzaron a utilizar la representación de  imágenes de tortura y humillación en sus obras con fines estéticos durante una etapa de alto desarrollo artístico del período Edo. Estas obras comenzaron a tener popularidad al ser apreciadas por sus seguidores. Pero no fue hasta los comienzos del siglo XX, después de los cambios sociales, cuando se comenzó a explorar y a vertir en imágenes la utilización de estas técnicas con fines eróticos.

Tomemos en cuenta al Sensei de cuerdas moderno. Todavía estaban en la psique japonesa las imágenes de ataduras como símbolo de castigo y control. Naturalmente comenzaron a utilizarse dentro de las fantasías y juegos SM como una importante representación de poder. Los modernos maestros/as de cuerdas recolectaron cuidadosamente las antiguas imágenes sobrevivientes de torturas con ataduras en un intento por re descubrir las auténticas destrezas del oficio. Casi todas habían sido destruidas pero algunas pudieron sobrevivir. Un ejemplo son las que se encuentran en el castillo de Matsumoto, que todavía no se pueden fotografiar. Muchas de las viejas técnicas han podido ser re descubiertas, sin embargo, han sido imposibles de replicar fidedignamente porque resultaron ser métodos altamente efectivos y riesgosos de tortura. Por esta causa, fueron modificados para poder ser aplicados en forma segura y satisfacer las necesidades de ataduras que surgieron en el SM. Aun con las técnicas SM actuales las ataduras son potencialmente muy riesgosas y los maestros/as de cuerdas tienen la responsabilidad de aplicarlas en forma segura. Se logra un buen trabajo al realizar ataduras de estilo japonés cuando la persona atada no sufre ningún daño a pesar de tener el cuerpo restringido, decorado con cuerdas y suspendido.

Vista noctura del Castillo de Matsumoto

 

“Las cuerdas son muy peligrosas, más que un látigo o los piercings. Estos últimos pueden herir momentáneamente pero las cuerdas pueden paralizar.” Chiba Sensei cree que comenzó a desarrollar su verdadero estilo de ataduras después de provocarle un daño temporal a una de sus modelos hace siete años. Fue una experiencia que lo hizo tomar conciencia de los cuidados y el nivel de seguridad que necesitaba emplear al realizar este tipo de prácticas. Ahora Chiba dice que la seguridad es su prioridad número uno. Esta actitud no es de extrañar en un hombre cuyas ataduras están intrínsecamente vinculadas a sus estrechas relaciones con sus parejas sumisas.

“Lo más importante es mi relación con la mujer masoquista. Si no tengo una relación, no realizo ninguna atadura. Si ella esta triste o apesadumbrada, yo lo siento también. Su dolor y tristeza son mi dolor y tristeza. Yo le hablo a la mujer con mis cuerdas.”

Parte de la atracción que siente Chiba Sensei por el mundo SM es la intensidad intrínseca que se manifiesta en la relación y que se esconde al resto del mundo. También siente que la creciente aceptación que esta teniendo el SM dentro de la sociedad japonesa esta causando que se pierda algo. “Antes, si la gente se enteraba, hasta podrían echarlo a uno de su trabajo y perderlo todo. Uno tenía que vivir ésto dentro de un mundo secreto en el que las relaciones eran muy profundas.”

Chiba Sensei esta dentro de un grupo elitista de hombres que han podido desarrollar carreras exitosas ofreciendo performances de ataduras de estilo japonés y workshops. Se puede encontrar a las “mistress” (profesionales de las cuerdas) haciendo performances pero la fama y el éxito sólo les llega a los hombres. Esto es una ironía porque hay varias “mistress” muy talentosas realizando ataduras insuperables en varios “Mistress Bars” de Tokio. Una de ellas es Shinobu, una “mistess” de 20 años que trabaja en el “Nakano Queen” que nos comenta: “Las ataduras se lucen mejor sobre un cuerpo femenino pero las mujeres generalmente atan a hombres y los hombres a mujeres. Es por eso que los atadores hombres se hacen más famosos.”

Es verdad. La mayoría de la audiencia esta conformada por hombres heterosexuales. Sin embargo, podríamos decir que no son sólo hombres los que atan mujeres ya que muchas de las atadoras son bisexuales. Quizá podíamos afirmar esto en los casos de las performances públicas. La situación podría atribuirse a los diferentes roles que restringen socialmente a cada género. Los hombres son reconocidos y proclamados como expertos con más facilidad que las mujeres.

Por tanto, aunque se trate de un talentoso y exitoso Sensei de las cuerdas, o una “mistress” profesional de las cuerdas, o un ama de casa con habilidades para poder atar a su “maridito proveedor” y ponerlo en asombrosas posiciones en la intimidad de su hogar, la dramática belleza del arte de las ataduras japonesas ha recorrido ya un largo camino.  Mientras que las torturas europeas del medioevo proponían cadenas, restricción de manos y chalecos de fuerza a sus desafortunadas víctimas, los japoneses utilizaban una sola pieza de cuerda. Simple pero efectiva. Las técnicas de los profesionales de las cuerdas de hoy en día están basadas en las prácticas del Hobaku-jutsu de antaño. No sólo porque replican sus técnicas sino también por el distintivo enfoque cultural que se le otorga a las ataduras. La cultura japonesa moderna se distingue por el cuidado en los detalles y la simplicidad, aspectos que se comparten con la típica estética tradicional japonesa. Las matrices de madera (que se utilizaban para imprimir) son al manga lo que el Hobaku-jutsu es al SM.

Ver al artista de las cuerdas haciendo su trabajo es revivir la amenaza y el drama de las refinadas crueldades de los viejos tiempos. Todo eso endulzado por la erótica dinámica consensuada entre el “torturador” y el atado. La tensión creada con la fricción de las cuerdas es quizá la clave del repentino auge que las ataduras japonesas están teniendo en toda la sociedad nipona y en el mundo entero.

 

Traducido al español por Haru TsubakiHaruTsubaki